El tango
Borges, una cinta rescatada del olvido y la pregunta de si el tango fue para él una simple música de fondo o una clave profunda de Buenos Aires.
¿Le gustaba el tango a Borges? La pregunta parece menor, casi anecdótica, pero no lo es. En un autor argentino cuya obra deja pasar, por rendijas discretas, compadritos, orillas, cuchillos, patios y memorias de Buenos Aires, el tango no podía ser un simple fondo musical.
Por eso, encontrarse con una obra inédita de Jorge Luis Borges titulada simplemente El tango tiene algo de hallazgo precioso. Más todavía cuando sabemos que el libro nace de cuatro conferencias dictadas en 1965, grabadas en cinta magnetofónica, extraviadas durante años y recuperadas después de un largo recorrido hasta España y un proceso de verificación de autenticidad.
En 1929 Borges recibió un premio literario, que le permitió dedicar ese año a realizar una investigación minuciosa sobre el poeta Evaristo Carriego, y con ello vivió una profunda inmersión histórica y cultural por el mundo del tango. Para esa época el tango había cumplido alrededor de medio siglo, por lo que muchas personas que atestiguaron sus inicios musicales y el contexto de la época, así como la historia de esta música todavía vivían. Gracias a esto Borges recabó de primera mano datos valiosísimos sobre esta música.
Entre los admiradores de Borges siempre se tuvo el dilema de si a él le gustaba o no el tango. Citando fragmentos de sus ensayos o poesías, quienes han estado en el contrapunteo durante décadas parecen ofrecer pruebas en uno u otro sentido, sin que hasta la fecha se hubiese aclarado el punto.
A Jorge Luis Borges, indudablemente uno de los autores más importantes de todos los tiempos en la literatura mundial, argentino y creador de relatos o poesía donde el tango se filtra por todos los resquicios, ¿le gustaba o no el tango? ¿consideraba que música y textos como expresión cultural trascendente, qué pensaba de los compositores de tangos, qué pensaba de Gardel?
Para mí leer este libro y comprender en la voz del propio maestro cómo investigó, preparó y documentó sus intervenciones, así como la evocación del tango a través de sus amigos, vecinos o su propia familia, ha sido un descubrimiento impactante.
En 1965 Borges retomó su conocimiento de 1930 y matizó los hallazgos en la obra de Evaristo Carriego con entrevistas a otras personas a quienes no pudo abordar en su primera investigación. De ahí brotan las cuatro charlas, en donde percibimos no sólo a un erudito del tema o a un estudioso obsesivo que engarza sistemáticamente la historia del tango, sino a un porteño que evoca elementos históricos, lugares o rasgos sociales de Buenos Aires y la zona del Río de la Plata donde se gestó este torbellino cultural que ha seguido expandiéndose hasta nuestros días.
Creo que esta es una obra obligada para toda persona que disfrute del tango, sea escuchándolo, leyendo sobre él, bailando o viendo bailar a otros. Nos brinda una referencia para ubicar el significado y la historia detrás de la música, el estilo, el baile y el conocimiento del tango. Este no es sólo el “bailecito de moda” sino que tiene tras de sí más de cien años de evolución y trascendencia, motivo más que suficiente para acercarnos a él con júbilo, curiosidad y mente lúcida que deben tener tanto el neófito como el experto estar en perspectiva ante la profunda y multidimensional experiencia estética que provoca el tango.
Leer estas conferencias no es solo leer a Borges hablando del tango; es escuchar cómo Buenos Aires vuelve a sonar desde una cinta rescatada del olvido.

